1 de agosto de 2010

Cómo sentirse Carmen Lomana por un rato


Ayer fuimos a un desguace, en concepto de acompañamiento y de ver si se podía trapiñar para mi nuevo BMW un mechero que le falta.

El único desguace que había pisado yo era una discoteca que llevaba puesto ese nombre en los años 80. La cosa me sorprendió visualmente, no sólo por el cementerio de coches, sino por la chusma. Vamos, que éramos de lo más selecto con pintas de perro-flauta. Entre los amasijos férreos abundaban los narigudos, tripudos, morenos de albañilería, gitanazos, hombres sudorosos de esos que escupen y se vuelven a meter el palillo entre los dientes, todos colándose entre los hierros de los coches como aves carroñeras...
Allí se encontraban los hombres más feos y más bajunos. Lo juro. En femenino equiparable a las marujas de mercadillo de frutas y verduras…

20 de febrero de 2010

Novedades. Año nuevo

¡Cómo pasan los meses! Y en este tiempo algunas novedades hay…
La primera y más importante es que dejé de fumar cuando comenzó el año y aquí continúo, siendo una NO fumadora, con tal entusiasmo que voy irradiándolo por todos los lados, incluso Cuchipán se ha sumado al carro tras ese fatídico tercer día de: “prefiero morirme de cáncer a estar así el resto de mi vida”.
La segunda novedad es que Churrito me regaló un conejo de orejas caídas para la víspera de Reyes y casi me da un soponcio. No podía creer que mi frase cada vez que pasaba por una tienda de animales: -mira nene, ¡qué monada de conejitos! fuera a hacerse realidad-. Y al destapar la jaula se me vinieron encima todas las responsabilidades que ese bicho me iba a acarrear… no lo quería. También me gustan los elefantes y no por eso voy a tener uno. ¿Por qué lo acariciaría? En ese momento esa bolita de pelo con orejas me caló hasta los huesos con tanta ternura que no pude decir que no. Sin duda es el mejor regalo que Churrito me ha hecho. Él también está encantado, a mi me hace mucha gracia verle con sus pintas de macarrilla tumbado en el suelo acariciando a un suave y lindo conejito. Hay algunos que piensan que es un aplazamiento de la maternidad, yo no lo creo.

27 de noviembre de 2009

Platonismos sobre un abrigo de diseño

-¿Puede alguien enamorarse platónicamente de un abrigo?

-Puede. Yo lo vi allí colgado, en su percha, tan mono. Fue un flechazo, pero cuando miré el precio...

sólo puedo pensar en ese abrigo, que sigue allí colgado, esperando, en su percha...

18 de noviembre de 2009

Odalisca un día a la semana


Un pantalón de gimnasia ajustado marcando formas irregulares. Una camiseta levantada que deja ver el ombligo acompañado de flacideces y fofeces varias, de esas que salen a partir de los 30. Dicen que tienen que oírse las monedas del pañuelo, dicen que el desplazamiento de la cadera debe ser como si llevara puesto un riel. Y ahí estoy yo -después de 12 años de mi última clase aeróbic abandonada por la vergüenza de perderme a cada paso-, frente a un espejo gigante de esos que te deja ver todo tu yo, con la coordinación, el equilibrio y la rigidez de un palo, intentando sincronizar los movimientos de la profesora que danza como las odaliscas de Matisse, con un cuerpazo en aquel espejo inmenso... A pesar de todas las lorzas, la inflexibilidad, la negación de armonía de movimientos y el dolor de espalda, como si me hubieran golpeado durante la hora media que dura la clase, me gustó estar allí. Y lo que es mejor, adquirí conciencia de que tengo un cuerpo, que aunque torpe y lento, sirve para algo más que sentarse y tumbarse en el sofá de ikea.
Al día siguiente para el desayuno mojé un paracetamol en la leche para poder empezar el día. Tres días después sigo buscando el riel que mi cadera debe tener escondido en alguna parte.
¡Espero encontrarlo!
Mis agradecimientos a dos personitas que me dieron el empujón que necesitaba una noche de sábado al calor de unas cervecitas y unas tostas de queso de cabra con cebolla. Os quiero

11 de octubre de 2009

Discusión


Grito y chillo. El corazón mete el turbo junto a la lengua, escupo estupideces. Un portazo y sensación de vacío, un amargor me recorre el cuerpo atado a mi garganta. El orgullo mental va creciendo con el silencio y la única manera de frenarlo es que alguien diga algo como:

-lo siento (…)